No sé como ponerlo por escrito, pero si sé que necesito escribirlo.
David está siendo operado otra vez en estos momentos, y esta vez de emergencia.
La extubación hasta ahora iba saliendo todo bien. Con sus altas y sus bajas, David ha estado respirando por su cuenta, con la ayuda de oxigeno y de vez en cuando una máscara de adrenalina para desinflamar las vías aéreas.
Pero pasó lo que no esperabamos. Una complicación de una cosa tan sencilla como la infusión intravenosa. Yo fui la que me dí cuenta. Le vi la manita a David hinchada y cuando se la toqué, la sentí fria y como una piedra. Cuando le ví el brazo, parecía que iba a explotar. Inmediatamente gritamos que vinieran la enfermera y los doctores, y después de consultar a un médico cirujano, decidieron operarlo para salvarle la mano. Que tal? La infusión se perdió dentro de la piel y empezó a hincharle la mano y el brazo, y el peligro es que la hinchazón aprete los nervios y músculos tanto que los deje sin circulación completamente.
Mi esposo casi se desmaya de la impresión, y más tarde yo. Por lo menos agarramos turnos y no lo hacemos al mismo tiempo.
Lo más importante es que están tratando de no entubarlo de nuevo para esta operación. Nos sentimos completamente desvastados por tan inusual curso de acontecimientos, por ponerlo de alguna manera.
Tenemos que dejar ir, tenemos que tener fé y dejar todo en las manos de Dios.
No hay comentarios:
Publicar un comentario